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SONIDOS DE LA OTREDAD PARA ENFRENTARSE A LO DESCONOCIDO: “Dos Ballenas” en Memoria y Tolerancia

Diego Cruz Cilveti está en la búsqueda, a través del lenguaje cinematográfico (que es el que ha elegido para comunicarse), de ir hacia esos lugares íntimos de donde proviene la incomunicación que distancia.

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“Enfrentarse a lo desconocido, a un futuro incierto, fueron aspectos que relacioné con el personaje del hermano mayor, Emilio, que sale de la prepa y no sabe qué hacer con su vida”.

Desde que Diego Cruz Cilveti ganó el Premio del Público del II Programa de Diversidad Sexual de Morelia por su cortometraje Dos ballenas, muchas cosas han pasado, como funciones especiales en ciudades como Filadelfia, Berlín y París. “Hacemos las películas para que la gente las vea. No sólo la burbuja del CUEC. Está muy bien que en otros lados se pueda ver nuestro trabajo y también me sirve como retroalimentación. Cuando estuvimos en Morelia, fue muy grato conversar con los otros directores que estaban presentando su corto. Compartimos ideas en común y en contra que tenemos del cine. Eso fue muy enriquecedor”, comenta el realizador, próximo a filmar su tesis del CUEC, Ayer y mañana.

Cruz Cilveti es también conocido por ser el fotógrafo de cortometrajes como Chambelán de Fabián León López (recientemente nominado al Premio Ariel) y de Autobiografía para corregir hubieras de Laura Miranda, con la actuación de la primera actriz Julieta Egurrola. Durante el cine debate, que tuvo lugar en el Museo Memoria y Tolerancia organizado por el Centro Educativo Truper y el Programa Diversidad Sexual + Morelia, Diego contó cómo situaciones de su vida familiar inspiraron el tratamiento de su corto.

“Los cantos de ballena me causan terror pero me parecen fascinantes, como un sonido de la otredad que enfrentan hacia lo desconocido”. 

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Dos ballenas, que comenzó como un ejercicio de la materia Ficción II del quinto semestre del CUEC, es la historia de Emilio (Alejo Contreras) y Nicolás (Sebastián Aguirre), dos jóvenes hermanos encerrados en un departamento tras el mal estado de salud de su madre que la mantiene hospitalizada. Ambos se encuentran en momentos distintos de su vida; mientras Emilio sale de la preparatoria con dudas sobre su futuro, Nicolás está descubriendo el amor y la sexualidad.

“Es una historia que escribí con mi hermana (Sofía Cruz Cilveti) sobre algo que vivimos ella y yo cuando nuestra madre entró al hospital y estuvo durante un mes inconsciente. Fue un tiempo de estar nosotros solos en la adolescencia, aprendiendo a cuidarnos el uno al otro, a sobrevivir un poco y a reconocernos. Finalmente hay una especie de distanciamiento que sucede a veces entre hermanos en esa etapa de la vida y ese evento nos forzó a reencontrarnos. A la vez que cada uno de nosotros iba siendo una persona distinta”, cuenta Diego.

“Es una historia que escribí con mi hermana (Sofía Cruz Cilveti) sobre algo que vivimos ella y yo cuando nuestra madre entró al hospital”.

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Hay mucha soledad en el encierro. Silencios. El sonido del agua de una pecera. Momentos íntimos donde Nicolás revisa el pelo de sus axilas. Libros sobre ansiedad y pánico y solicitudes de ingreso a universidades. También hay mensajes de su madre (Jana Raluy) en la contestadora, que se escuchan en voz en off que informan sobre los avances en su estado de salud; así como la grabación de un disco (narrado por Reyes Bercini) que el personaje de Emilio escucha y que explica los rangos de frecuencia en los que se comunican las ballenas que van de los 15 a los 25 Hertz. “Sin embargo hay una ballena cuyo canto es de 52 Hertz”, explica el narrador.

“Mis papás tienen un disco con cantos de ballenas a partir de los cuales se construye una sinfonía. Una voz en off, al estilo de la de Morgan Freeman (La marcha de los pingüinos, 2005), narra la migración de un grupo de ballenas y las vicisitudes a las que se van enfrentando. Los cantos de ballena me causan terror pero a la vez me parecen fascinantes, como un sonido de la otredad que es increíble porque te hace enfrentarte a lo desconocido”.

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 “Esta distancia que viven en el principio, de cierta manera era real, como de no saber cómo moverme con esa persona”.

Esta incertidumbre es la que Diego relacionó con el personaje de Emilio en un momento de su vida donde no sabe qué hacer. “Cuando yo me enfrenté con eso, tuve una etapa de encierro y veía videos de YouTube todo el día. Entonces me topé con un video en el que hablaban de la ‘ballena de los 52 Hertz’ que sí existe y que es una ballena que no se puede comunicar con las demás ballenas. La ballena no cambia de tonos, sólo permanece sin poderse comunicar y entonces fue hablar a partir de esta incomunicación con la que se puede encontrar uno, en una relación de hermanos”.

Emilio en esta etapa no es capaz de aceptar su realidad y llega a un momento de desesperación al no poder comunicarlo. “El personaje vive un ataque de pánico. Lo que él necesita es hablar de lo que está sintiendo. Estar encerrado con alguien a quien no le hablas es como una olla exprés. Te vas llenando de problemas y entonces llega un punto donde tienes que sacarlo. Entonces se da cuenta de que su hermano es la única persona en la que se puede apoyar. Por eso también se terminan peleando, porque el hermano no le hace caso”.

“Fue hablar a partir de esta incomunicación con la que se puede encontrar uno, en una relación de hermanos”. 

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Por otra parte, dirigir a los actores interpretando a dos hermanos distantes, incomunicados, intentando encontrar su propia frecuencia, fue un reto. “Emilio, está egresando de la ENAT (Escuela Nacional de Teatro), mientras que Sebastián es un actor más de la vida. Eso fue un reto interesante porque no le podía dar las mismas indicaciones a los dos porque eran dos lenguajes distintos. El trabajo del asistente de dirección, Bastián Pascal, nos ayudó bastante porque lo filmamos casi cronológicamente y eran dos actores que no se conocían. El rodaje los ayudó a generar una complicidad, a la vez que íbamos avanzando. Esta distancia que viven en el principio, de cierta manera era real, de no saber cómo moverme con esa persona. La secuencia donde bailan, la hicimos al final, cuando ya eran uña y mugre”.

Empezamos a movernos en un mundo no sólo mucho más rico, sino también acogedor y bien dispuesto hacia nuestro semejante, un mundo en que nosotros mismos sentiremos el deseo de ir al encuentro del Otro“.

Diego Cruz Cilveti está en la búsqueda, a través del lenguaje cinematográfico (que es el que ha elegido para comunicarse), de ir hacia esos lugares íntimos de donde proviene la incomunicación que distancia. Lo Otro se considera “diferente”, “misterioso”, “lejano”, “ininteligible”. En el caso de Diego Cruz Cilveti, lo Otro va cargado de la impotencia de su personaje, de la pesadez del océano, de la vida, sobre sus sueños y libertad al entrar a la adultez. En ese sentido, sus personajes no se reconocen, la falta de comunicación los hace diferentes, misteriosos, lejanos e ininteligibles, pero aquello que los une (la hospitalización de su madre) se encargará de romper las barreras que ellos mismos levantaron, empujándolos a enfrentarse a ellos mismos, a su relación fraternal y al mundo.

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Lo que causa nuestros mayores miedos y ansiedades puede ser lo que provoque nuestra mayor liberación. En palabras del periodista e historiador Ryszard Kapuscinski,  “empezamos a movernos en un mundo no sólo mucho más rico, sino también acogedor y bien dispuesto hacia nuestro semejante, un mundo en que nosotros mismos sentiremos el deseo de ir al encuentro del Otro” (“Encuentro con el Otro”, Anagrama, México, 2009).

En su próximo trabajo Cruz Cilveti seguirá tratando el distanciamiento. Ayer y mañana también será un cortometraje personal, en este caso sobre la relación de un padre y un hijo que se reencuentran después de diez años de no verse. “La idea es hablar sobre cómo uno es capaz de llegar a extrañar más una imagen que lo que realmente es una persona; y también hablar del amor entre un padre y un hijo, a pesar de diferencias ideológicas y de cómo ambos perciben la vida”.

Texto: Antonio Harfuch con la colaboración de Frida Bárbara Monjarás y Patricia Ríos

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